sábado, 25 de octubre de 2014

Oculi Feline

Caminando por la calle,
me encontré un gato negro,
lo contemplé largamente
y él también me contempló.

Nos miramos a los ojos,
me miró directo al alma,
sus profundos ojos verdes
me hicieron evocarte.

Tus ojos no son esmeralda
como los de aquel gato,
son del color del felino mismo,
tienen su misma profundidad.

Los ojos de aquel gato
son ecuánimes y fríos,
al igual que los tuyos
que son estoicos e impasibles.

Tienes ojos de obsidiana,
lóbregos y profundos,
misteriosos y graves,
arrogantes y bellos.

Sin dudarlo ni un segundo,
me llevé al gato a casa
imaginando que eras tú.
Al poco tiempo se fue,
jamás pude poseer
a tan bello y salvaje felino,
da igual, querido mío,
que aquel minino me abandone,
sí dejé que tú me abandonaras,
¿qué más da otro abandono?

No hay comentarios:

Publicar un comentario