martes, 2 de septiembre de 2014

El gato negro

Ven y reposa sobre mi regazo,
hermoso y astuto felino de obsidiana.
Déjame admirar tu belleza de cerca,
déjame acariciar tu suave cuerpo azabache
y déjame mirar tus ojos de esmeralda.
                                                     
Ronronea mientras acicalo tu cuerpo flexible,
déjame recorrer tu columna morena con los dedos
y déjame escuchar tu ronroneo plácido
mientras yo me relajo pensando en mi amado.
 
¡Ah, hermoso felino bruno,
cuánto me recuerdas a mi amado!
Esos enormes ojos de esmeralda
tan profundos y arrogantes,
tan fríos y hermosos,
me recuerdan a ese varón al que tanto amo,
tu ronroneo se asemeja tanto
a su manera tan ecuánime y lenta de hablar.

Mírame a los ojos, minino tostado,
quiero evocar su mirada morena
en tu mirada aceituna,
proyectar sus ojos cafés
en tus ojos verdes.

Quiero imaginar que en vez de mirarte a ti,
estoy viendo a ese hombre
que me hechizó con su mirada,
quiero imaginar que tus altaneros ojos,
son los de él… después de todo,
la arrogancia de sus ojos,
es la misma que la de los tuyos.

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