domingo, 31 de agosto de 2014

A un poeta bohemio y maldito

“El genio no es más que la infancia recuperada a voluntad.”
Charles Baudelaire

Ciento cuarenta y siete años han pasado

desde que abandonaste ésta tierra
que tanto te hizo sufrir, que nunca
te entendió y que nunca te agradó…

Pobre niño parisino, que siempre
sentiste que tu mamá te abandonó,
Aupick objeto de tu infinito odio,
el nuevo juguetillo de tu madre.

Licenciado en Derecho por complacer
a tu madre y a tu padrastro, decidiste
no ejercer, decidiste convertirte
en un poeta libertino, vivir sin límites.

Poeta maldito, vicioso y bohemio,
nadie comprendió nunca tu poesía,
poco te importaba si escandalizaba
a la sociedad moralina, poeta ebrio.

¡Ah, Pierre Baudelaire, pobre poeta maldito
adicto a la farra y las mujeres fáciles!
Una de esas tantas bohemias noches,
tuviste que encontrarte con tu perdición.

Se hacía llamar Sahra, una fulana
judía a la que llamaste La Louchette,
ella te contagió de tan terrible mal,
aquel que destruye cuerpo y cerebro.

Pobre poeta libertino, fracasado,
incomprendido y sólo hasta el final
de tus tristes y miserables días.
Mi querido Baudelaire, yo sí te entiendo
y soy tu eterna enamorada,
a sabiendas que despreciabas
a las mujeres y a la humanidad en general,
me declaro tu amante y enamorada
y al igual que tú, ésta poeta condenada
es incomprendida y ni la mitad de brillante
de lo que tú eras… te veré en el infierno.

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