Nunca he
ocultado mi gran admiración
a esa europea
tierra de románticos hablantes,
de románticas
personas, y hermosísimas ciudades.
A cada
oportunidad que tengo, con la mano al corazón,
expreso mi
amor y fascinación a ese,
el país
llamado Francia: la tierra de mis sueños.
Hermosas
calles tienes, hermosos monumentos,
bellísimas
ciudades y muchísima historia.
Incluso las
personas, son bellas en esa tierra,
hombres,
mujeres y niños, son hermosos por igual,
son cultos
además y sencillos en su trato,
¡Dios mío,
por favor, dame años y dinero
para algún
día visitar, aquel país de ensueño,
no me quiero
morir sin antes haberlo visto!
Además, hace
unas semanas conocí
a un muchacho
singular, quizá
no sea
singular para usted, pero para
mí, incluso
hasta es especial…
quizá no lo
conozca demasiado,
y no he
charlado mucho con él,
pero hay algo
en su forma de ser
que me
resulta agradable en demasía.
Es un francés
muchacho, de tez clara,
cabello
castaño y ojos marrones.
¡Ah, maldita distancia
la que nos separa,
México tan
lejos de Francia,
yo tan lejos
de él!
Yo solo lo
conozco en fotografía,
solo he
charlado por medio electrónico.
A pesar de
todo esto que acabo de exponer,
en mi
interior se ha despertado una cierta
emoción, ¡Ah,
ruego al cielo que ese hombre
no lea nunca
éstas líneas, y que si las lee
algún día,
que no se ofenda
por lo que
estoy por decir!
En mí se ha
despertado, un sentimiento
muy extraño:
es admiración por su belleza
y admiración
por su sangre gala…
a la vez también
siento un embelesamiento
y
enamoramiento por ese rostro tan perfecto,
es un
enamoramiento superficial, de eso estoy consciente,
¿qué sería de
mí si lo conociera a fondo?
Estoy
enamorada de una imagen,
de un rostro
de un ideal,
en parte
quisiera conocerlo mejor
y en parte
desearía no conocerle más,
el conocerle
de manera más profunda,
implicaría un
enamoramiento completo,
sí ahora
estoy tan embelesada
y aletargada
con ese muchacho,
no me quiero
enamorar del todo
de él… sí es
que usted,
galo de mis
sueños, dueño
de éstas
líneas está leyendo esto
le pido
disculpas por mi atrevimiento,
disculpe a
ésta poeta enamorada,
no me prohíba
dedicarle unos poemas,
déjeme
inmortalizarlo en el papel
con la tinta
de mi pluma,
déjeme
acariciarlo aunque sea en éste poema.
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