domingo, 17 de agosto de 2014

A un francés

Nunca he ocultado mi gran admiración
a esa europea tierra de románticos hablantes,
de románticas personas, y hermosísimas ciudades.
A cada oportunidad que tengo, con la mano al corazón,

expreso mi amor y fascinación a ese,
el país llamado Francia: la tierra de mis sueños.
Hermosas calles tienes, hermosos monumentos,
bellísimas ciudades y muchísima historia.

Incluso las personas, son bellas en esa tierra,
hombres, mujeres y niños, son hermosos por igual,
son cultos además y sencillos en su trato,

¡Dios mío, por favor, dame años y dinero
para algún día visitar, aquel país de ensueño,
no me quiero morir sin antes haberlo visto!

Además, hace unas semanas conocí
a un muchacho singular, quizá
no sea singular para usted, pero para
mí, incluso hasta es especial…

quizá no lo conozca demasiado,
y no he charlado mucho con él,
pero hay algo en su forma de ser
que me resulta agradable en demasía.

Es un francés muchacho, de tez clara,
cabello castaño y ojos marrones.
¡Ah, maldita distancia la que nos separa,

México tan lejos de Francia,
yo tan lejos de él!
Yo solo lo conozco en fotografía,

solo he charlado por medio electrónico.
A pesar de todo esto que acabo de exponer,
en mi interior se ha despertado una cierta
emoción, ¡Ah, ruego al cielo que ese hombre

no lea nunca éstas líneas, y que si las lee
algún día, que no se ofenda
por lo que estoy por decir!
En mí se ha despertado, un sentimiento

muy extraño: es admiración por su belleza
y admiración por su sangre gala…
a la vez también siento un embelesamiento

y enamoramiento por ese rostro tan perfecto,
es un enamoramiento superficial, de eso estoy consciente,
¿qué sería de mí si lo conociera a fondo?

Estoy enamorada de una imagen,
de un rostro de un ideal,
en parte quisiera conocerlo mejor
y en parte desearía no conocerle más,

el conocerle de manera más profunda,
implicaría un enamoramiento completo,
sí ahora estoy tan embelesada
y aletargada con ese muchacho,

no me quiero enamorar del todo
de él… sí es que usted,
galo de mis sueños, dueño
de éstas líneas está leyendo esto

le pido disculpas por mi atrevimiento,
disculpe a ésta poeta enamorada,
no me prohíba dedicarle unos poemas,

déjeme inmortalizarlo en el papel
con la tinta de mi pluma,

déjeme acariciarlo aunque sea en éste poema.

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