Ella se había quedado
completamente sola a pesar de estar rodeada por una muchedumbre sórdida y
escandalosa, su alrededor estaba completamente silencioso a pesar de las miles
de voces que había en el ambiente, se sentía muy vacía y muy triste a pesar de
estar en medio de esa muchedumbre egoísta que a ella le gustaba llamar “amigos
por ratos”, nadie se daba cuenta del inmenso dolor que estaba sintiendo en ese
momento, se quedó mirando al horizonte fijamente, con una expresión de profunda
tristeza, apretando la quijada con fuerza al igual que sus puños, intentando
reprimir el llanto, intentando deshacer el nudo que se había formado en su
garganta, cerró los ojos un instante y al abrir de nuevo los ojos, se dio
cuenta de que su vista estaba nublada por una lágrima traicionera que amenazaba
con deslizarse por su mejilla derecha y revelar su dolor. Tragó saliva, se
sentó sobre el suelo en flor de loto y agachó la cabeza inhalando pesadamente y
exhalando el aire temblorosamente, en un suspiro que precedía al llanto; cerró
los ojos con fuerza y una lágrima se deslizó delicadamente sobre su mejilla
derecha, como acariciándola.
En
momentos de dolor, solo las lágrimas nos consuelan, salen en esos duros
momentos y nos acarician las mejillas para darnos consuelo y calentar nuestras
mejillas. Mucha gente odia llorar, pero si no lloramos, ¿quién más nos
acariciará cuando necesitemos apoyo en un duelo, en un dolor muy fuerte?
Al
parecer, ella era una de esas miles de personas que se creen tan fuertes como
para no llorar, como para no recibir consuelo de aquellas gotas de agua salada
que acarician y humedecen nuestras mejillas, como en un beso dulce… se limpió
las mejillas y salió de su círculo de “amigos”, caminó horas y horas en línea
recta, con la mirada perdida y un nudo enorme en la garganta, de esos que en cuanto
hablas, te lastiman la garganta y el llanto comienza ya sin ningún control…
Pobre mujer desolada y abandonada, deja que al menos tus propias lágrimas te
acaricien, suelta a ese fantasma que te despreció, suéltalo y vive tu duelo de
caricias húmedas… suéltalo y vive por fin, suéltalo y vive de nuevo… suéltalo y
enamórate de nuevo.
(pequeña narrativa sin pies ni cabeza, solo un pensamiento que necesitaba plasmar para soltar a mi fantasma)
No hay comentarios:
Publicar un comentario