viernes, 29 de agosto de 2014

Ya no quiero ser mujer

Féminas oprimidas por siglos,
discriminadas durante años,
consideradas por muchas eras
el sexo débil, del hogar guardianas.

Damiselas en peligro en todos
los relatos infantiles y los épicos,
mártires, abnegadas, débiles
y frágiles seres de piel de alelíes.

Protectoras de los hogares,
encargadas de educar
a los críos y atender
a sus maridos, al hogar alimentar,
Hera era su patrona.

Genios e intelectuales
salieron de hogares matriarcales,
felices y plenos, mientras,
criadas para servir, las hermanas
de los eruditos, ya habían
conseguido marido y seguían
los pasos de sus madres y sus abuelas.

Así fue por siglos, eras enteras,
las hembras fueron meramente
madres y cuidadoras de las moradas,
amorosas, tranquilas, muchas veces sufridas,
pero mayormente eran dichosas.

¿Cuándo cambiarían su destino,
frágiles seres de piel de seda,
cuándo iba a cambiar su camino?
¿Cuándo decidieron que su vida
de paz y de tranquilidad
ya no les era suficiente?
¿Cuándo decidieron que criar
a sus hijos y ser feliz
con un solo hombre ya no era lo óptimo?

“El varón nos oprime, piensa
que somos menos que él”,
decían ellas mientras ellos
decían “son el sexo débil”.

Vino la revolución industrial,
necesitaban mano de obra,
pero los hombres se habían ido
todos a la guerra, no quedaba de otra,
contratar mujeres era la solución…

Ese fue el comienzo del final.
Lector, lectora mía, por favor,
no me tache de machista,
estoy a favor de la igualdad
de derechos, señora mía,
tengo derecho a ir de pie
en el vagón de metro al igual
que todos los hombres que van
de pie, tengo derecho a ceder
mi lugar a los ancianos y a otras
mujeres que lo necesiten más
que yo. Tengo derecho a viajar
junto con los demás pasajeros,
de todas las edades y géneros
y no irme en el vagón especial.

Tengo derecho a trabajar en mi hogar
sin que me llamen parásito,
inútil o tonta, tengo derecho
a ser una mujer a la antigua,
dedicada a mis hijos,
mi esposo tiene derecho
a cuidar a los niños también,
a realizar el quehacer como
yo, porque somos humanos
ante todo y somos iguales…

¿por qué exigen un trato diferente?
¿por qué exigen respeto cuando
no se respetan ni a sí mismas?
¿por qué se llaman “sexo débil”
entre ustedes mismas, colegas?

Féminas de la antigüedad,
féminas ilustres como Beauvoir,
lucharon con pluma y papel
contra la desigualdad de género,
lucharon por el respeto al género
más poderoso y fuerte de la tierra
para que ustedes, muchachas,
ahora lleguen a escupirles a la cara,
a denigrarse por aceptación y atención
en ese lugar oscuro llamado CaraLibro,
exhibiéndose como en un prostíbulo
de la antigua Pompeya
y a la vez, comportándose
como la Santa Virgen y exigir respeto,
exigen caballeros siendo unas fulanas,
exigen caballeros bebiendo alcohol
como germanos en banquete,
hasta perder el conocimiento,
la dignidad y el respeto propio.

Exigen fidelidad siendo
canes falderas, disponibles
al mejor postor, desesperadas
de atención, desesperadas de amor…

¡Ah, maldigo las ideas revolucionarias
que se tergiversaron a través de los años!
¡Creen que ser libres, es lo mismo
que ser libertinas!

Hambrientas de amor,
lo buscan en bares y en moteles,
lo buscan en el dinero
y en la atención,
se muestran disponibles
sexualmente, deseosas
de atención… de amor.
Niña, cubre esos capullos,
no florecen aún, no quieras
parecer mayor, no quieras
ser “libre”, despinta ese rostro
angelical, terso de alelí…

Me han tachado de “mocha”,
reprimida, aburrida y mustia,
me consideran lesbiana
por vestir cómodamente,
por ser decente y no exhibirme,
por ser mesurada y leer libros…
si ser una mujer libre
significa entrar en un régimen
tan sólido y tan tirano
que solo me considera
fémina libre si me visto
para mostrar disponibilidad sexual,
si me embriago en bares
y busco tan desesperadamente un hombre…

Ya no quiero ser mujer…
o al menos no una mujer libre.

Quiero ser una mujer libre,
no libertina, quiero ser una mujer
a la antigua, ama de casa,
mesurada e inteligente,
de esas que ya casi no existen,
de esas mujeres atentas a sus hijos,
madres de intelectuales,
de hombres de bien, más no de criminales…

Ya no quiero ser mujer,
quiero vivir oprimida entonces,
no quiero la hipocresía de su “igualdad”…
quiero ser una mujer libre
y esperaré a que las mujeres nos liberemos.

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