Todo se
terminó… nuestro tiempo para serlo todo ha pasado,
el tiempo lo
hizo de nuevo.
El cielo se
ha venido abajo,
llorando días
enteros, sonriendo a ratos…
al igual que
yo.
No dejo de
pensar en aquellos días
que pudieron
haber sido nuestros,
pero que por
azares del destino
y por tu indiferencia
a mi trato cariñoso,
esos días
jamás fueron y ahora, jamás serán nuestros.
Te gusta la
soledad,
te gusta la
nada,
pero te
olvidas de que hasta la nada está acompañada,
está
acompañada de silencio y pensamientos,
tú no quieres
estar en medio de la nada,
lo que tú
quieres es la inexistencia,
que nadie te
mire,
que nadie te
hable,
que nadie te
piense…
lo que tú
quieres es la inexistencia, amor mío.
Morí, y hasta
la fecha sigo muriendo de amor,
todos los
días, por la misma persona
y aun así
sigo con la vida,
lo absurdo,
es que lo que me mata,
también me
mantiene con ganas de seguir respirando.
Tú eras la
única razón que encontraba
para ponerme
de pie cada mañana,
para arreglarme
lo más bonita que podía
y salir a
realizar mi rutina,
con la
esperanza de recibir algún alago tuyo,
pero lo único
que recibía,
era una
sonrisa a medias y si bien me iba,
un “hola”
insípido… Día tras día lo mismo,
jamás perdí
la esperanza y hasta la fecha,
sigo con la
esperanza de que algún día,
inesperadamente,
te encuentre en la calle
y me veas,
tan bonita como siempre,
arreglada
solo para ti…
sí me
hubieras dado la oportunidad,
hubiera
podido quedarme toda una tarde contemplándote,
e incluso, hubiera
podido pasar toda una vida haciéndolo.
Sin ti me
siento vacía… sola…
ahora me
estoy dando cuenta,
de que mi
cuerpo tiene dos sombras,
la mía y la
de tus recuerdos.
He leído
millones de veces esos poemas que me diste,
y quizá
escatimo en el número de veces que te menciono aquí…
los he leído
una y otra vez,
buscando
inútilmente alguna frase que sea dedicada a mí,
en ninguna
palabra me encuentro y sin embargo,
todas las
hago mías, celosamente,
guardo tus
poemas en el cajón de mi buró,
en donde
noche tras noche, los leo
una, dos,
tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho… infinidad de veces.
Todas las
noches sin falta,
miro al cielo
y admiro la belleza de la luna,
ella se ha
vuelto mi confidente,
le cuento mis
penas y muchas noches
le he llorado
con impotencia,
le he llorado
de dolor…
En las noches
es cuando
se me ocurren
los versos más bellos,
en las noches
es cuando
tu recuerdo
me asalta con más violencia
y tu sonrisa
aparece en los rincones
oscuros de mi
mente,
y tu voz
susurra en mi cabeza, haciendo eco,
obligándome a
evocarte con más ahínco.
Hubiera
querido ser en tu vida
algo más que
un instante,
algo más que
una sombra,
algo más que
un afán,
hubiera
querido ser en ti
una huella
imborrable,
ser en ti una
lágrima, una sonrisa,
ser en tu
vida felicidad y alegría.
Jamás dejaré
de pensar en ti,
jamás te voy
a olvidar,
todo lo que
siento por ti,
acá lo tengo
bien guardado,
donde nadie
pueda verlo,
donde yo no
pueda olvidarlo.
Me rompiste
completamente,
me quebraste,
me arruinaste,
y la próxima
persona que llegue
a mi vida e
intente arreglarme,
deberá tener
cuidado
porque mis
partes rotas pueden cortarle.
Todo se
terminó…
Una nueva
etapa comienza,
contigo allá,
lejos,
pero a la vez
conmigo…
en mis
recuerdos.
dedicatoria:
para aquel que quebrantó Mi espíritu y me hizo sentir vivA y feliz aunque fuera
solo con una fantasía mía… paRa aquel a quien dediqué tantos poemas, tantas noChes
de insomnio y tantas lágrimas de impotEncia… para aquel que al final del
camino, me quebrantó compLeta y me quitó las ganas de amar.
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