a quien no va
a venir, que cuando llegue
alguien que
los merezca,
me voy a
quedar dormida,
pero aún a
sabiendas de eso,
decido seguir
dedicándole
mis insomnios
a ese demonio,
a ese
fantasma de mi mente
que jamás
podré poseer,
que jamás
podré acariciar.
El poeta está
condenado
a vivir sin
poder poseer
jamás a la
persona
a quien
dedica sus poemas,
he decidido
resignarme
y aceptar ese
destino sin más.
Quiero
inmortalizar a mi demonio
en mis
poemas, que aún
después de
morir él
y después de
morir yo, él siga vivo
en mis
poesías.
Tengo la
plena seguridad
de que el
amor no existe,
pero también
tengo la plena seguridad
de que yo amo
a ese demonio.
Amo la
violencia con la que su sonrisa
rompe mi
rutina y quebranta mi espíritu
rebelde convirtiéndome
en una fiel
servidora y
esclava de su sonrisa.
Inmarcesible
amor es el mío,
dulce y bello
demonio mío,
con tal de
estar contigo,
renuncio a la
vida eterna en el paraíso
y decido
acompañarte a tu infierno.
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